Aunque por circustancias bilbaíno de nacimiento, soy de Amurrio, un pueblecito alavés del Valle de Ayala. Un lugar encajonado entre montañas de pinos, robles y hayas, y de prados verdes salpicados de caseríos. Un paisaje típico vasco.

Rodeado de semejante paraje era difícil no ser un amante de la naturaleza. Soy socio, de hecho, de la Sociedad Española de Ornitología (SEO-BirdLIFE) desde el año 91. Conozco aquellos montes, bosques y sierras como la palma de mi mano; las he recorrido a pie y a caballo. De día y de noche. Lloviendo y hasta nevando. Hoy le muestro a mis hijos, como un día hicieron conmigo, la fauna, la flora, los nombres de los picos y los atajos que llevan a las mejores vistas. Ya sienten algo especial cuando alcanzan la cima.

 

He tenido la fortuna de recibir algunos premios y homenajes a lo largo de mi trayectoria política. Pero reconozco que pocos con la emoción de aquel premio de fotografía de aves en libertad. Era el año 93, si no recuerdo mal. Al año siguiente, recién cumplidos los dieciocho, participé incluso en un estudio ornitológico de la Sierra Salvada. Fueron días en los que en mi casa no ganaban para botas de montaña.

 

La Universidad y el comienzo de mi actividad política me alejaron del contacto cotidiano con la naturaleza. Creo que por eso me aficioné a los bonsáis. Me traje el monte a casa. Un bosque en miniatura del que aún conservo algunos árboles que sigo cuidando con esmero.

 

Tengo en Madrid un par de amigos obcecadamente urbanitas que se hacen cruces si identifico el canto de los pájaros. “Suenan todos igual”, me dicen. Inocentes.

Supongo que también por necesidad acabe aficionándome a las motos. Antes de pisar la capital nunca había pasado de la bicicleta. El tráfico desesperante tuvo la culpa. Hoy, la moto ya no es sólo un medio de transporte. Es casi una filosofía de vida, un soplo de libertad en esta jungla de acero y cemento que es este Madrid nuestro que a todos acoge y a nadie pregunta el origen. Soy feliz aquí. En realidad creo que sería feliz en casi cualquier sitio. Me tengo por una persona vital, optimista, de buen carácter, que aprecia el sentido del humor y, sobre todo, al que le gusta la gente. La gente. Es lo mejor que tiene la política: la posibilidad de conocer a muchas personas. Y sacar, como siempre repite mi padre, de cada uno lo que tiene de bueno.

 

Conozco lo que los sociólogos llamamos el paisaje humano y al que a mi simplemente me gusta llamar “la gente”. Me honro de haber visitado todas y cada una de las provincias de España y lo mejor de cada una es en todas lo mismo: la gente. La gente corriente, amable, sencilla, cariñosa, hospitalaria, agradecida. España tiene grandes virtudes, una historia épica llena de gloria, un idioma universal, un genio creativo capaz de ofrecer al mundo los mejores pintores y escritores; pero insisto, basta conocer un poco esta España nuestra para percatarse de que lo mejor de España son los españoles.

 

Lo más grande de mi vida son mis tres hijos: Jaime, de nueve años, Adriana, de siete, y Jimena, de apenas unas semanas. 

"Uno a uno, todos somos mortales. Pero juntos, somos eternos"

Francisco de Quevedo

 

"Es poco atractivo lo seguro, en el riesgo hay esperanza"

Tácito

Carta a Mariano Rajoy
Carta al presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, publicada por el diario El Mundo el día 25 de noviembre de 2013. En ella Santiago Abascal desgrana los motivos por los que abandona el partido
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